La “Capilla Sixtina Toledana” reabre sus puertas tras meses de espera.

Uno de los rincones más bonitos de la Catedral Primada de Toledo reabre sus puertas, tras una minuciosa restauración. La Sala Capitular es toda una joya oculta de la ciudad de Toledo, y ha vuelto rejuvenecida. Con más luz y unos colores vivos, podemos disfrutar de la obra del artista Juan de Borgoña, tal y como él la dejó siglos atrás.

La decoración y las obras de la Sala Capitular y de la antesala, que da entrada a ésta, se realizó a principios del siglo XVI por encargo del Cardenal Cisneros, combinando el gótico flamígero y último mudéjar. Está llena de maravillosos detalles que no nos debemos perder. Su techo dorado fue diseñado por el famoso tracista Diego López de Arenas y ejecutado por Francisco Lara. Al fondo de la estancia hay un trono, destinado al obispo de Toledo, y toda la sala se encuentra decorada con frescos.

En la parte inferior de la estancia tenemos 32 retratos de obispos de Toledo, que rodean toda la estancia, empezando por San Eugenio y terminando por el propio Cardenal Cisneros.

Pero el auténtico tesoro de la sala se encuentra en los frescos de Juan de Borgoña que están en la parte superior de la estancia, separados por columnas que pinta el artista, creando el efecto de ventanas gigantes que nos introducen en la vida de la Virgen María.

Fotografía: David Blazquez.

Las escenas se leen, no desde la entrada de la sala, sino desde la pared del fondo, donde está el trono del obispo. Desde ahí comenzarían las escenas de la vida de María y de la pasión de Cristo, desde su izquierda, y terminarían con las que están a su espalda.

Es muy curioso que no aparezca representada la crucifixión de Cristo. Algo, por lo menos peculiar, ya que el cardenal Cisneros, quien financiaba la obra, consideraba la crucifixión como su objeto de devoción máxima.

La arquitectura que aparece en las diferentes escenas va cambiando, desde la gótica, hasta una arquitectura romana o veneciana, pero es una representación muy fidedigna de la realidad del momento. La Virgen y los otros personajes aparece en proporción a los edificios, algo nuevo para la época, ya que hasta entonces era común exagerar el tamaño de las figuras respecto a los edificios, llegando a tener en ocasiones una Virgen que casi podía tocar los techos de una catedral.  Si tenemos en cuenta las dimensiones de los frescos, las personas que apareen en ellas son casi de tamaño real. No debemos perdernos la parte posterior de la sala, donde encontramos un fresco que representa el Juicio Final.

Como curiosidad, si comparamos esta sala con la capilla del cardenal Tenorio (situada en el claustro de la Catedral), el cambio es radical, pese a que los dos artistas que las pintaron pasaron por Italia y que la decoración de las salas está separada por tan solo 100 años. Nos podemos imaginar el gran impacto y sorpresa que pudo producir en la gente de la época.

Con la actual restauración se han recuperados los trazos originales de Juan de Borgoña, ya que se había repintado sobre los frescos originales, ya que no se tenían los conocimientos adecuados para su limpieza y conservación.

Os animamos a que redescubráis esta pequeña joya, que vuelve a lucir la belleza que presentaba siglos atrás, con los Guías Oficiales de Destino Toledo.

Fotografía: David Blazquez.